Mercedes Morchón, Directora Comercial de Fertifluid Fertilizantes
La siembra directa ha dejado de ser una alternativa marginal para convertirse en una de las prácticas agronómicas con mayor proyección en Castilla y León y en toda España. Cada vez más agricultores apuestan por este sistema no solo por su alineación con los principios de la agricultura sostenible, sino también por su rentabilidad operativa y ambiental.
Entre sus múltiples ventajas destacan: el incremento progresivo de la materia orgánica en el perfil del suelo, lo que mejora tanto su fertilidad como su estructura; la reducción drástica de la erosión y las escorrentías, especialmente crítica en parcelas con pendiente; el refuerzo de la biodiversidad edáfica y aérea; y, desde un punto de vista puramente productivo, el ahorro significativo en tiempo, combustible y maquinaria. En un contexto donde cada jornada cuenta y los márgenes se ajustan, estas ventajas no son menores: son decisivas.
Sin embargo, al trasladar esta técnica al ámbito de la fertilización, surgen cuestiones clave que requieren soluciones técnicas adaptadas. Uno de los retos más relevantes es el posicionamiento de los nutrientes, especialmente nitrógeno, fósforo y potasio, en el perfil del suelo. En siembra directa, al no realizarse laboreo, el fertilizante tiende a quedar en superficie, lo que exige que sea rápidamente asimilable por la planta en desarrollo. Aquí es donde los fertilizantes líquidos adquieren un papel protagonista.
En Fertifluid Fertilizantes, primera fábrica de fertilizantes líquidos de Castilla y León, hemos diseñado nuestras formulaciones pensando precisamente en estos escenarios. Nuestros productos son 100 % solubles en agua, lo que significa que no necesitan un proceso previo de disolución o mineralización para ser absorbidos por raíces u hojas. Esta característica resulta especialmente valiosa en condiciones de sequía o baja humedad edáfica, donde los fertilizantes sólidos pueden quedar inmovilizados o perder eficacia.
Además, la versatilidad de aplicación es otro de sus grandes activos: se pueden utilizar antes de la siembra, justo después de ella, en preemergencia o incluso en cultivos ya establecidos. Su distribución es homogénea, ya sea mediante equipos específicos en línea de siembra o con la maquinaria convencional de fitosanitarios, garantizando una nutrición uniforme en toda la parcela.
Pero hay un factor diferenciador que nos enorgullece especialmente: nuestra molécula exclusiva PHC (Phyto-Humic Complex). Integrada en muchas de nuestras fórmulas, tanto neutras como ácidas, el PHC no solo mejora la disponibilidad de los nutrientes, sino que potencia su translocación dentro de la planta, favoreciendo un desarrollo más equilibrado y resistente.
Y hay más. Gracias a su naturaleza líquida y su compatibilidad controlada, nuestros fertilizantes pueden mezclarse con ciertos fitosanitarios empleados en el momento de la siembra, siempre bajo las recomendaciones técnicas de los fabricantes, tras realizar las pruebas de mezcla pertinentes y bajo la responsabilidad del aplicador. En estos casos, el fertilizante actúa como caldo portador, potenciando la eficacia del tratamiento fitosanitario y permitiendo realizar dos labores en una sola pasada: nutrir y proteger.
El resultado es doble: menor compactación del suelo, al reducir el número de entradas, y ahorro económico directo en combustible, mano de obra y tiempo.
Desde Fertifluid, observamos con satisfacción cómo año tras año crece el número de agricultores que adoptan la siembra directa. Y con él, aumenta también la demanda de soluciones nutricionales inteligentes, eficientes y adaptadas. Por eso, nuestro servicio técnico acompaña personalmente a cada agricultor para recomendar la fórmula más adecuada, el momento óptimo de aplicación y la estrategia de integración con otros insumos.
Porque en Fertifluid no solo fabricamos fertilizantes líquidos: diseñamos respuestas agronómicas para el campo de hoy… y del mañana.
